Enfrentar nuestra mortalidad puede hacernos mas felices

Enfrentar Nuestra Mortalidad Puede Hacernos Más Felices

“Tienes Cáncer”

Cuando escuche al doctor decirme que tengo Mieloma Múltiple a la edad de 43, me inundaron emociones de: tristeza, sorpresa, entumecimiento, negación y de pánico. No tenía idea de que con el tiempo, una de esas emociones podía incluir una alegría mejorada.

Por supuesto, todos sabemos que, teóricamente, la vida con el tiempo llegará a su fin para todos nosotros, pero un diagnóstico de cáncer trae ese “algún día” a una realidad personal inmediata y posible. Ya no es que las personas mueren, pero que yo podría morir dentro de unos meses o años. Mi tiempo de repente era limitado e intensamente más valioso.

Un reciente artículo del New York Times por Arthur Brooks sugiere que enfrentar nuestra mortalidad (lo cual es algo que los pacientes de mieloma hacen todos los días) en realidad puede traer más alegría en nuestras vidas, no importa la longitud. Contemplar nuestra muerte nos obliga a hacer un balance de nuestras vidas y cambiar las prioridades.

 

Paradójicamente, esta meditación sobre la muerte pretende ser una clave para una vida mejor. Hace a las personas conscientes de la naturaleza transitoria de sus propias vidas físicas y estimula un realineamiento entre los deseos momentáneos y las metas existenciales. En otras palabras, hace que uno se pregunte, “¿Estoy haciendo uso correcto de mi escasa y preciosa vida?”

 

De hecho, la mayoría de las personas sufren una grave desalineación. En un artículo de 2004 en la revista Science, un equipo de expertos, incluyendo el ganador del Premio Nobel Daniel Kahneman, examino a un grupo de mujeres para comparar la cantidad de satisfacción que derivan de sus actividades diarias. Entre las actividades voluntarias, podríamos esperar que las elecciones serían más o menos alineados con la satisfacción. No fue así. Las mujeres informaron que deriva más satisfacción la oración, el culto y la meditación que ver la televisión.

Sin embargo, el encuestado promedio pasó cinco veces más tiempo viendo la televisión que realizando actividades espirituales.

 

En todo caso, este estudio subestima el problema de falta de alineación. La Encuesta sobre el Uso del tiempo realizada por el Buró Americano de Estadísticas de Trabajo muestra que, en 2014, el adulto estadounidense promedio pasa cuatro veces más tiempo viendo la televisión que en “la socialización y la comunicación”, y 20 veces más en la televisión que en “actividades religiosas y espirituales.” Dicha encuesta no preguntó por horas navegando por la web, pero podemos imaginar una disparidad similar.

Para mí, las preguntas que empecé a hacerme se convirtieron más profundas: ¿He elegido bien mis prioridades? ¿He pasado mi tiempo donde era mejor gastarlo? ¿Construí las relaciones que necesitaba para crear y alimentar? ¿He servido a Dios? ¿Estoy logrando el propósito de mi vida? Estoy haciendo las cosas que me traen alegría verdadera?

 

El tener Mieloma también me ha hecho re-evaluar no sólo cómo pasé mi tiempo, pero lo que me pareció ser más importante. He oído decir que hay dos maneras de ser: orientada a las personas y orientada a las tareas. No hay duda de que soy insoportablemente orientada a la tareas. Pero cuando valoro, lo que realmente importa para mí son mis relaciones con Dios, con mi familia, y con la gente que estoy destinado a conocer, amar y servir en esta vida. Las tareas son necesarias y buenas, pero las relaciones son claramente la “mejor parte”

 

Está oportunidad forzada me ha hecho valorar, clasificar y cambiar. Los pequeños inconvenientes ya no me irritan. Mi paciencia ha crecido y también lo ha hecho mi agradecimiento. Tengo un mayor aprecio por las pequeñas cosas de la vida – nadar en una piscina bonita, comer la cena del domingo con mi familia, ir de excursión a las hermosas montañas, llevar a mis hijos al cine y darse cuenta de los días en que me siento particularmente bien.

 

Estoy a favor de la VIDA, así que voy a seguir empujando por una cura para esta enfermedad insidiosa (MCRI), pero mientras tanto, voy a disfrutar el tiempo que tengo con mi nueva sabiduría. Una cosa es verdad es que puedo ser feliz.

Por Jenny Ahlstrom

Traducido por Irene Woolsey

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